Hurdido del insomnio, siento el dueño
cenit de medianoche, el hambre, el sueño:
mano que sombra extiende;
raigambre de pesares, pensamientos,
de tu carroña en mí, entre miramientos
que sólo un dios entiende.
Desnudo ante el temor, vival vigía,
desenterré el poema, ruego espía
que cubre el mar recuerdo;
tratóse de una noche de palabras,
trigueñas, tormentosas, malogradas
de algún rapaz acuerdo.
Mas nada recordé, poco venía
a despobladas tumbas, que vacías,
te evocaban finita;
por ende, re-escribí tus hierros ojos,
encantadoras mañas, hiel despojo
de atmósfera bendita.
Y te ensañaste luz, te hiciste pura,
un hoyo en la ballesta, una locura,
un estertor marmóreo.
Volteaba a verte santa, fiel, silente,
beso divino y vil, envidia ausente,
bebida en tiernos óleos.
Te fuiste condenándome al silicio,
me mata el frío en tu cuello, pierdo el quicio;
¿no ves, mis mundos tristes?
Mas otro sol que pasa y nada avisa,
jugando a señalar nuestra pesquisa,
susurra que no existes.
sábado, 13 de junio de 2009
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y todo esto existe de una forma tan real e interminable...
ResponderEliminarlhp