martes, 28 de abril de 2009

Biblioteca de Babel


Tlón, Ukbar, Orbis, Tertius,
correspondencia de Herbert Spencer,
la mano que mueve al alfil, y ese alfil cuya mano mueve,
Alejandría, la naturaleza de la mariposa, las manchas del guepardo
el Veda que al Homero que me encuentro, hace inmortal al sumergirlo,
la altura de la almena bizantina, y a cuántos guió Ulises, el prudente,
el fiero Arturo que desnuda, los bosques con su cierzo,
tigres, loterías, la locura y la prisión, omega y cero,
el Informe Brodie, las cajas chinas, los círculos concéntricos de arena,
las tantas traducciones del Quijote, las tardes de los gauchos, Martín Fierro,
la dialéctica del todo, el Dios hexagonal de Blass Pascal, el idealismo de Berkeley,
los ángeles de Swedenborg, las frases de Bacon, el aterrador murmullo de un espejo
...
todo esto y mucho, mucho más...
lo puedes encontrar en Wikipedia.

Farai un vers


Cabalgo y compongo un verso que trate de nada.
O puede ser que no cabalgue, considerando,
que ya nadie cabalga,
(por algo hay transporte urbano, taxis-bicicleta y patines del diablo,
que a veces, cuando son más necesarios, se retacan)
cabalga únicamente, la policía montada,
y de esos ya no hay, salvo en los parques.
Mas cabalga la mente, con todo y nosotros, montados encima,
de cómo sorber un cuello, a cómo hacer un buen poema,
de cómo montar el libro, a jinetear una lana, y de Baudelaire
a Wolverine, y de Gambito a César Vallejo, cuyo verso
se goza, sobretodo en-
cabalgado.
Y paso de cuál estación a hoy en la tarde, de aquella chica a esta otra bronca,
en cabalgata del vagón que mata el tiempo,
siendo el llanero solitario con libreta,
mientras diviso los relojes a galope,
y me esfuerzo en pensar, una vez y otra, siempre solo, en la nada.

lunes, 27 de abril de 2009

Cambalache

Me gustaría en el vil fondo, yo no sé, muy en el fondo, vealo bien
hablar nopal y maguey, pa sentirme mexicano,
sacudirme los discursos y ser prieto como el higo,
nomás pa volver a creer, en eso que llaman mito,
porque trazan, dos que tres, unas lineas paralelas,
que incomodan en su juego, y más al verlas, porque chocan.

Nos parece,
que vivimos orgullosos, de una Patria de monedas,
de estampillas ya muy viejas, que si existe, caballero, ya no sé...

No tuvimos Conney Island, mas Feria en Chapultepec,
no hay pirámide Gizé, pero sí una gran Chichén.
No parimos a Neil Diamond, pero ve a José-José,
y Julissa, en lugar de Doris Day.

¡Nada es igual, todo es mejor,
lo mismo el burro que el buen regidor!

Monumento a la Revolución, artilugio que remite al Arc du triumphe.
Gorostiza se erigió, como el Verlaine de copán,
César Costa, cual Paul Anka del nopal.

Si no llegamos a Ezra Pound, tuvimos Octavio Paz,
y punketos en Portales, que soñaban Edimburgo.
Un Rey Criollo que creó, un Parménides muy beat,
y un Asimov re moreno, que se llama Monsiváis.

No importamos democracia, pero sí la corrupción,
con el guiño de ese Juárez, que a veces, parece Lincoln.
Capitolio mexicano, es el Congreso de la Unión,
no hubo Bon-Jovi, hubo Coda,
no hay The Cure, pero había Fobia.
Juan Rulfo y Yañez fueron, William Faulkner tapatío,
y Sor Juana una versión, gongorina tropical.

Si preguntas por Miami, remitimos Cancun Beach,
y si te gusta Walt Disney, ahí te va nuestro Cri-Crí.
Angélica María, era estilo The Supremes,
y ahora Panda, sustituye a Simple Plan.

domingo, 26 de abril de 2009

Los niños invisibles

Pabellón Rosetto, 1947
Abduct yourself to free the abducted
Ciudad de México, abril 2o, 2009. Sonrisa, original y copia.
Ella se tornó fresca desde que el tono rosado le sucumbió las uñas.
Sonríe.
Yo la filmo.
Hallé heliotropos en su cabello, y nuevas canciones que dotan a sus ojos pequeños,
del flogisto de su pelo azabache, y a la caída de su enredo, de un particular sentido más habitual que litúrgico. )
Igual y hay dragones. Probable. Es cuestión de conseguir levantarle la playera (de Mamma Mia!) que hace buen juego, con todo y el habitual juego, que edifican ya las circunstancias.
Hoy le propiné un par de besos, y hasta eso, fui parte del deleite. Agridulce.
También visité a mi madre. Trae un canario por rostro, y a juzgar por su filmina,
debe hacerme llorar. Mas le conviene.
Ciudad de México, abril 11, 2009. Vi la noticia, de que llegan,
más tarde que temprano,
como en veinte días,
como entre el veinte y cinco, el casi veinte, y el veinte y dos. Y le comentaba a mi madre,
Los niños invisibles.
Se trata de una triada de activistas gringoides, que proyectan una película cuya oscura filmina
se ennegrece de niños negros, con culatas sonoras, con una esclavitud inminente que no va a ningún lado, )
que más bien, ya viene. Son regenteados por un tal, no recuerdo su nombre.
Y a lo mejor y su nombre no importa, como carecen esos niños, todos los niños de nombre.
En Uganda, parece, que viven en Uganda.
Y hoy volví a verla, con los querubines a sus pies y los arbustos en las tapas de los dedos,
y me asió del rostro, y me dio tres besos, y yo fui parte, parte en parte, del deleite.
Y gusté de decir dos o tres cosas. Y me abrí los cielos y las visceras, y me di paz, y paz y calor.
Tú sabes que este corazón altruista, de modales impecables, fue engullido por mi serpiente emplumada.)
Salvaremos a todos los niños, y eso me hace llorar.
México, abril 22. 2009.
Más somero, nos daremos el regalo que guardaron los reyes magos. Ella vuelve y se consterna,
de lo adherido que me tengo, a esta ya vieja pistola.
Su postura es irrelevante, como hermosa. Es una morena inmaculada, que sonríe incesante.
Tan hermosa. Como una proyección rancia, que os turba en el Teresa.
Nos besamos y agitamos, como en el denuedo del soplo. Eso, me hizo llorar.
Y la acompaño, a sacar los trámites correspondientes, para la gran marcha del trío de gringos,
en pos de los niños de Uganda.
Y asiéndome de sus racimos, pretendí verla, demasiado tarde. Y me bastó verle los pies,
besarle el cuello y la iconoplastía. Y a ratos, todavía jugamos.
Mi madre vino al cielo a visitarme, e inmutable, con un pastillero todo hecho de canarios,
me horadó de chocolates, y esquivó el amamantarme. Yo casi lloro, casi.
Abril, 25 y 26 de abril de 2009. Vi la foto dos o tres páginas de verdad no chequé mucho
que se cancela por un hálito de pandemia que se cancela
que la película se vela y que no alcanzan las playeras con aka cuarenta y siete disfrazada de cámara)
ni la gargantilla ni el pin ni la protesta ni el cabello ni los besos ni los ojos mi madre canario
y yo tan lleno de visiones parciales tan hueco tan sinrazón tan sincorazón tan desubicado
y ella inundada de ese maldito maldito entusiasmo
y los niños invisibles siempre invisibles siempre malditos y eternos
tan singulares y pandémicos y enormes y tan negros como malditos y eternos negros
como el entusiasmo que me estalla y el beso que mecánico y medicinal dejé de disfrutar
fue así que miento y que me atraganto
estrangulado por una legión de unos seis mil niños invisibles
que menopáusicos como mi madre vienen al cielo a visitarme
vienen al cielo
y yo sólo lloro
abril 27, creo que 27, sino 28
odio a los niños invisibles
por eso lloro.

lunes, 20 de abril de 2009

Ejercicio de Versificación a través de un encuentro matutino de Octavio Paz con Pat Benatar

-La confusión de las lenguas daba resultados, una pesquisa,
pesquisa te digo, apabullante, fue en la sala de ella
te digo, por el recibidor donde entras, contrahecho escalera,
y en la pared posterior, y en la ventana y en la cocina, y tras bastidores
por el clóset, por el catre, a la entrada del baño, regreso a la sala,
increíble, y empezó por la lengua, apabullante, te digo, apabullante
-Y en el recuerdo admirable, caigo, café en mano ahora que te cuento que
quién sabe,
-...a lo mejor me odia
-¿Lo piensas?
-¿creo yo?
-¿Odiar, odiar, así como odiar? No.
-Odiar, odiar. Sí, así tal, como te digo, odiar, odiar.
-¿Crees? No, creo yo.
-Eso es lo que pasa. Créelo, así es.
-Así pasa...cuando uno funde lengua apabullante en la sala cocina baño clóset
y al final sólo la riega, qué más da, siempre la riega
-No, no creo. /-Y yo creo que sí, que me odia, mas que más da, si uno la riega,
siempre la riega, al fundir la lengua, eso nadie lo quita, el mundo se crea.
-¿El mundo se crea? /-El universo entero. Todo se crea, reafirma, consolida, se mantiene
-No sé de esas cosas...
-Sencillo aprender, al fondo sí sabes, es apabullante, es una pesquisa:
Amar es combatir...cuando dos se besan, el mundo se crea
-No lo había escuchado, mas tienes razón; una pesquisa apabullante,
¿...y el mundo se crea, dices?
-El mundo se crea, cuando uno combate, lengua pesquisa, apabullante
-Amar es combatir, mas me parece apabullante, y si
dos se besan, es lengua pesquisa
-lengua pesquisa, apabullante, combate en cocina, baño, sala, ventana, y tienes razón, el mundo se crea...
-El amor es un campo...
-...un campo de batalla



Alma que pena por leer a San Juan de la Cruz

Éramos jóvenes. Éramos porque somos ahora, más adultos que jóvenes, y más jóvenes que middle-aged people. A veces quiero que me perdones. No sé. Pedirte perdón me suena a añejo caleidoscopio, a fuego malpasado en un refrigerador mohoso, en un centro de rehabilitación. Hospital Británico, 1947. Hoy vino mi madre a verme. Y como Héctor Biel Temperley, la vi en toda su inmensidad, inmaculada, tan agredida como siempre, tan agreste. Tan hermosa. Soy un redactor de oficina, tengo un cargo público a ratos, y a veces, sueño que nos reconciliamos, no sé porqué imagino que fumo, pero lo que sí sé, es que a lo mejor no te gustaba tanto. No te gustaba tanto porque, tú lo sabes y lo sé, jamás he llegado a la parranda de tres días, ni sacado la cabeza de San Juan de la Cruz. Y es cuando te observo bailar en la barra de ese barecillo irlandés o te imagino limpiando el apartamento tras los huracanes etílicos que susurro a mis adentros, vivo sin vivir en mí, qué de larga vida espero, qué tormento es el vivir, que muero porque no muero. Qué es eso. Es el alma que pena por ver a Dios, ¿no te gusta? Está muy emo, definitivamente. Es, uno de mis poemas favoritos, definitivamente. ¿Y eso? Ay, Miguel, de verdad que debes dejar de ser así, saca de las páginas tu cabeza, un día te vas a matar. Y sí, hoy me voy a matar pero esa es otra historia. Porque no puedo sacar la cabeza de los papeles, ni de los papeles, ni de ella. Además de que a veces me parece tan fútil, tan extraña, enmarañada en sus propias conclusiones, idas, venidas, sientos y asientos. Y sí, sé que no lo hago bien pero un día haré algo grande, algún día. Te gustará, y ambos lo sabemos. Te gustará. Ay, ya basta, eres un perdedor y lo sabes. Y hoy recojo más papeles, papeles. Y me concentro en las fotografías, y no veo caricaturas, porque a veces -sólo a veces-, me hacen llorar mucho. Y tengo tanto trabajo que me recuerdo en la primaria, y en lugar de apoyarme me brinda un rescoldo compasivo, un abrazo que se vislumbra insoportable y resentido. Papeles. Inmensidades que bajan, borradores, llantos. Y un día, hazme caso, contrólate, un día vas a matarte, Miguel, con un carajo. Papeles. Una mujer, un amor compasivo, un cariño que no se tiene, un cariño que no se puede, papeles y hoy, sí hoy voy a matarme. Y sigo aferrado en la habitación a San Juan de la Cruz, y baja por la garganta...
un no sé qué que se queda balbuceando
No...y apenas hablo, las órbitas se descoyuntan...
un no sé qué que queda balbucando...sí. Si no, no daría endecasílabo.

sábado, 11 de abril de 2009

El héroe de la guitarra

A lo mejor soy otro
Angus Young

A lo mejor soy el arquitecto de mi destino
Hoy Thunderstuck, Back in black, Shoot to thrill,
Heatseeker, Jailbreak. Press start.

A lo mejor no.
Todas son rolas de Aici Dici.

Éste, que ves, engaño descolorido

Soy sombra ambulacral, mi vida estriba
en lamentar el ardid de una pena
desconocida, que muda entrega,
su juvenil actitud depresiva

Soy un flugor de existencia oportuna,
que disfrazado de estela perdida,
vil se envilece, ambivalente.
Rostro cubierto que baja su frente.

Soy un clamor que se forja de historias,
eco de pobres fetiches heridos,
un comprador enajenado,
molestia pasiva, irritante apacible.

El mutante que triste recoge, eso que más le conviene
el rosado azul, el negro amarillo,
la estética del videojuego,
llanto horadado pintándose a ratos,
del ánime nacido, Chaac Mool en la pose.

Cortada, pero con curita.
Navaja, tamaño rastrillo.
Pitido, de pecho morado.
Zapatos, de meter. Estoperoles.

Una plaga que fría se respira
un Atari que salió de la basura,
una revolución, involuntaria,
sin pretenciones de raza, credo, sexo, forma,
religión, gustos, partidos o intereses.
Un nihilista
que mamasea, despreocupado, mamasea
en avenidas, portales y plazas.

Pérdida, pacífico truhán
perdido, pérdida al fin.
Producto fácil, rentable.
Producto hostil de los medios
(y de la desintegración familiar).

"Es parte de tu vida"

El flaneur es un detective que persigue sus huellas,
dejadas en el interior (...) es éste, el fin del coleccionista.
-Atribuible a Walter Benjamin

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pisos insondables
cielos de mármol
destellos
de familias que cruzan pasillos
de niños que gesticulan
de madres neuróticas que todo prueban jalando niños que gesticulan
de padres vela que ignoran a las madres a su neurosis a los niños]
de abuelas con lentos oscuros que regañan
al padre a la madre al niño
de todos refundidos en espejos
de cuatrimotos en lejanías
de superestructuras lejanas
de letreros
de no fumar por disposición oficial
y al fondo
están los sanitarios
y al frente
un atrio maltrecho
un sendero luminoso
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de ojos aguapuerquiles
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viernes, 10 de abril de 2009

All solids vanish in air


Para mi viejo


El problema con Octavio Paz,
no son sus estudios tajantes,
estéticamente arbitrarios.
Intolerantes.
No.
Su problema, fue haberse vuelto viejo.

Una imagen perdida,
víctima de la añoranza,
un viejito cascarrabias,
confundido, vista cansada

Como Borges,
un viejo ciego y babeante;
como Bioy,
con la quijada caída
y dientes putrefactos;
como el Vampiro Cervantes,
viejo juglar muy pedante;
como el viejo Sabines, o el viejo Henestrosa,
como Reyes, el viejo, perseguidor de yaquis,
como Reyes, el joven, que se volvió tan viejo
como su muy particular visión del Anáhuac

Viejos todos, como Hemingway en Cuba
viejos como Eliot,
declamado por un viejo Anthony Hopkins
en un auditorio viejo, de Cambridge University;
como Pound, el más viejo,
un pobre cowboy viejo, muy afectado

Respeto por los mayores, por ser más viejos,
por esos viejos que desfilan con su olor a viejo,
que conformaron su sistema, hoy viejo,
tan añorado, por los más viejos

pasaron los años y Don Porfirio,
hoy luce muy viejo en su vieja foto,
como el viejo PRI que pretende renovarse,
al igual que la moral, las computadoras,
la paternidad, la educación o la costumbre.

Todo se avejenta en nuestras manos,
que parecen cuartearse, volverse viejas
y hasta aquellos que jamás fueron viejos,
como John Lennon, Kurt Kobain o el Ché Guevara
sucumben tarde o temprano, cuan Dorian Grey,
al inefable paso de los años

El problema con Eloy Caloca Lafont,
no son sus poemas difusos,
estéticamente ilegibles.
Intolerables.
No.
Su problema, es ese temor que tiene
de volverse viejo algún día.

jueves, 9 de abril de 2009

La continuidad de mis parques

Paso. La puerta de la escuela, donde está el paradero de los taxis. Donde un taxista me preguntó una vez hace tiempo, a mediados de la preparatoria, sobre si tenía chica, y donde le contesté que sí, que era linda, que aún no era mi chica tal vez, que apenas andaba saliendo con ella, haciendo mi lucha. Y fue ahí cuando me besaste en la mejilla y el mismo taxista extendió su pulgar en señal de aprobación, meneando la cabeza. Y hoy sólo paso. Y cruzo la rampa que lleva a la calle, para enfrentarme a la parada de autobus. Una parada donde solíamos sentarnos. Tú decías "ahí viene un taxi, un taxi, sí, un taxi, y otro, y otro". Desconocía lo que eso significaba, hasta que el taxi se transfiguraba en te quieros y te amos y en un beso. Un beso en la mejilla. Hasta ese entonces, descubrí lo que era el taxi. Hoy los taxis siguen parándose frente a esa misma parada, igual que la línea J, que solía separarnos cuando irremediablemente debía irme. A veces, tu madre pasaba antes, y yo debía conformarme con un beso fútil, mal estampado. Y hoy, sólo paso. Una vez te dibujé en esa parada de autobus. Tomé un cuaderno y, según recuerdo, esbocé una muñequita delgada, muy parecida a ti. Tenía los mismos deportivos celestes que tú usabas aquel día. Señas irreprensiblemente tuyas: el cabello cayendo por todos lados, la diminuta cola de caballo amagada por una liguita negra, tus lentes rectangulares y algunas pecas sobre la nariz. Intenté dibujarla igualita a ti, tal como tú. Con la diferencia de que en el dibujo, tenías un dije. Un dije que te regalé esa misma tarde, que colgué cariñosamente sobre tu cuello. Un dije en forma de corazón. Perderías después ese regalo, una tarde que nos recostamos sobre el pasto, a besarnos, solemnemente. Lo repuse después con otro dije similar, esta vez, con unas esquirlas brillantes en el corazón plateado. Volviste a perderlo. Y lo repuse de nuevo, con un corazoncito de brillantes. Ya no recuerdo si perdiste ése o no. Pero fue también, en esa misma parada, que nos ocurrieron dos cosas irremisibles. A) Te conté sobre mi pretención de suicidio. Y te conté también, como fue que falló. Me preguntaste algo como, "¿qué te hizo seguir viviendo?", y yo respondí, "encontrar el amor, convertirme en padre algún día, probablemente, quién sabe". Sonreí. Sonreíste. Me sonreíste con tanta fuerza que supe que posiblemente me amabas. Y bueno, B)... fue en esa misma parada que te dije porqué te amaba. Desde ese momento, no han cambiado mis razones: "...te amo simple y sencillamente porque despierto a diario con tu imagen incrustada en mi mente, te miro cuando me veo al espejo y me lavo los dientes, y es cuando me digo, hoy vas a verla, y con eso, harás tu día, tan sólo con mirarla". Quién iba a decirlo. Hace ya mucho tiempo que no te veo. Bueno, aunque sí, sí te veo, en mi mente, cuando paso por la parada de autobus. Recuerdo mucho tu rostro aquel día. Poco antes de sentarnos ahí, te había llevado al Departamento de Ciencias Básicas, a las escaleras, para decirte que insoportablemente, te amaba, que me laceraba no haber podido decírtelo, que había sido un cobarde por no decírtelo. Me disculpé por hber preferido ocultar lo que sentía por ti saliendo con alguien más, haciéndome novio de otra chica. Y es que, había cortado con esa muchacha para alcanzarte y decirte que te amaba. Qué tonto, no dejé esperar ni dos días. Nada más corté con mi primera novia y corrí a expresar lo que sentía por ti. Recuerdo que te sorprendiste mucho, y con razón. Y ese día, transitábamos esa misma calle por la que hoy, paso, completamente consternados. Yo, por haber desenmarañado un gran secreto, "el punto a jamás tocar", como yo le llamaba. Tú, porque no dabas crédito a lo que escuchabas...sí, que él, el "mejor amigo", te amaba. Y, que siempre te había amado. A veces, incluso, sigo pensando que lo haré eternamente. Y hoy paso. Por la plazilla de negocios contables, lugares vacíos de estacionamiento, cadenas amarillas y una tienda de abarrotes, que están frente a la esquina de la escuela. Y recuerdo que cuando te encaminaba a tu casa, era ese punto en el quecomenzabas a platicarme algo. O más bien, donde te vendría contando lo que sea; sobre libros, más que todo. Películas, música o libros: eso era yo en la preparatoria. Eso soy yo, probablemente. Eso seré siempre. A veces, recuerdo que me escuchabas embelesada. Cuántas cosas no sabía yo. Ahora me percato de que no sabía nada. Era un moquete pretencioso, un sabelotodito. Demasiado pretencioso para mi propio gusto, caray. Desconocía muchas cosas que ahora sé, que hubieran servido tanto durante aquellos momentos. Como cómo quererte, como cómo haberte hecho sentir que valías, que me agradaba escucharte. No sé...tantas y tantas cosas. Y yo hablaba del Señor de los Anillos, que en ese entonces estaba muy de moda. Y yo con el "Retorno del Rey", con Arwen y con Gandalf y con los hobbits. Yo parecía un hobbit en esos días, ¿me recuerdas?, tenía el cabello ensortijado hecho una maraña, era muy delgado, hasta paliducho, y mis orejas se ocultaban por mi cabello castaño. Una melenita abundante. Cuando todavía tenía cabello, caray. Qué cosas...y me decías cosas tan bonitas. Siempre, que era un loco, que estaba medio loco, que era "tu loco". Pero lo más bonito que me dijiste, que me voy a acordar siempre, fue en el parque que está al lado de tu casa -o de lo que era tu casa-: "eres un pequeño ángel que le gusta jugar a vivir". Y tú eras muy hermosa, finísima, grácil. Muy tímida. Sobria, muy seria. Demasiado formalita para un loco como yo. Pero así me encantabas, con el cabello largo, con tus secretos, con tus ojitos de carey. Así me gustabas tantísimo. Y hoy paso por el mismo basurero sobre la terracota, por el portón oxidado, por la pequeña empresa de vigilancia y por el anuncio de Silicones. Por la cancha de futbol rápido. Era esa esquina la que aprovechábamos siempre para besarnos. Besarnos rápido, de pellizco. Justo antes de cruzar la calle. Como es de doble sentido, teníamos cuidado en esperar que ambos flujos se detuvieran. Hoy, me agrada detenerme un rato en esa esquina, buscándome en mi meoria para besarte otra vez. Éramos un par de chiquillos. Unos chiquillos que se reconfiguran en cada parejita que hoy transita esas calles, que hoy sale de esa misma escuela. Tan jovencitos y hermosos. Tan felices. Hoy cruzo esa calle para toparme con la gran avenida de lozas y una gran barda, que conduce a la Plaza que estaba cerca de tu casa. Y ahí mi sonrisa fue borrándose. Recordé que en esa calle comenzábamos a discutir. Esa calle está inundada de mis celos del pasado, de mis humillaciones hacia ti, de los sarcasmos, de la violencia. De explicitar porqué no servías para mí, porqué era tan infeliz. Del chantaje. Y paso y lloro. Por todas las tardes que con el pretexto de acompañarte a tu casa, usaba el camino para comportarme como un imbécil. Y recordé que antes de eso, cruzábamos esa calle abrazados. Me percaté, incluso, de que un día cruzamos esa calle uno frente al otro, yo de espaldas, tú de frente, y la cruzamos besándonos. Y tú ya no te acuerdas, pero yo no puedo cruzar sin pensar en que fue uno de los días más felices de mi vida. Y hoy paso, paso solo, paso gordo, aletargado, con mi corbata y mis ánimos de ser adulto. Sólo paso, paso viéndolo todo pasar. Y hoy, hay un edificio y un camellón que entonces, no estaban. Hay un montón de decepciones que entonces no estaban. Pero los lugares clave prevalescen tanto como los recuerdos. Como el Vips con una pequeña tabaquería llena de películas y ositos de peluche, como el expendio de revistas, como la entrada al almacén donde siempre se aparcaban los carritos de súper, como el puesto de tortas, como la marquesina de cine, como la parada de autobus donde, después de dejarte en la puerta de tu casa, me detenía a pensar en ti y a esperar mi transporte. Caray, como la misma puerta de tu casa. Donde nos peleábamos, nos abrazamos por horas, nos remitíamos a la pared sombría a descontarnos diez minutos de besos, como tantas y tantas cosas que no han cambiado. Hoy paso. Paso solo. Pero sigo tomando la misma línea de autobus, la número 3, sigo comprándome un Dr. Pepper en esa tiendita cerca de tu casa, en la que atendía una muchacha checa, y sigo llamando desde la caseta telefónica de la esquina de tu calle. A veces me gusta, ocioso, sentarme en el parque de al lado de tu casa. Hago unos reportes ahí, me como un sandwich, escribo un poema, o me doy un respiro. El otro día, vi a dos jóvenes bajo la jardinera donde nos sentábamos. Se besaban. Se besaban tanto que parecía que se iban a comer las caras. Me acerqué sigiloso. Éramos nosotros, yo con mi playera diminuta y verde, tú con esa blusa de olancitos y botones, pálida y de rayas. Yo te tomaba del cuello y recostaba tu cabeza. Buscaba abrazarte. Tú, consternada por aquel beso, movías poco los brazos, pero meneabas mucho las piernas, enfundadas en unos vaqueros ajustados. Por la cajita de galletas que había al lado de ese muégano-beso, me percaté de que se trataba de la primera vez que te visitaba, que le llevé galletas a tu familia, que decidimos salir al parque de al lado, a "platicar". Claro que la visita se nos fue besándonos. Se nos fue en un gran beso. Nos vi y no quise interrumpir. Me pareció descortés, viendo lo emocionados que estábmos, lo nerviosos, lo excitados, lo faltos de elocuencia y llenos de amor. Me puse mejor a escribirnos un poemita y, tomando mi maletín, me alejé hacia donde terminan estas calles.

miércoles, 8 de abril de 2009

Oración por Anne Hathaway


Para Yuliana Rodríguez

Señor,
Ten siempre presente, por encima de mis suplicios
y olvidando el Apocalipsis que en puerta mantienes,
a nuestra prima belleza, la piel del alba, sonrisa etérea
la que sabes -bien Te conozco-, perfecciona el devenir de mis palabras.]
A esa muchacha, muy delgada, rostro favorito de Lancome,
ángel que vino a llamarse en vida, Anne (Jacqueline) Hathaway
que es su nombre verdadero, o puede que no lo sea, porque puede en la libreta]
de tapas azules, en la que garabateas órdenes mistéricas, puede ahí,
llamarse todo, llamarse hermosa, llamarse eterna, llamarse tuya.
Homónima de la esposa, mujer de menos, que tuvo Shakespeare,
fue esculpida por Tu boca en el año de Eye in the sky, de Diver Down, de Signals.]

Sé, Dios mío, yo sé,
que aún en Tu mente viaja, al autobus en Short Hills,
mientras proteges su figura frágil, franco-irlandesa,
que desenredarás meticuloso en el teatro principal de Paper Mill,
que será honrada con la Estrella Naciente, que ha de tener agallas, que ganará una beca.]
La conducirás a Nueva York, aún la acompañas; serás papeleta de Gallagin,]
y un programa de estudios intensivos para ella.
Vigilas sus pasos en la cerrada de Broadway.
Mientras, ella piensa -o pensaba-, en la primera vez que decidió abandonarte.
Fue en New Jersey, quinceañera, esa tarde, cuando Michael se declara homosexual,]
y en una supuesta casa Tuya -hecha de manos humanas-, los padres decidieron curarlo.]
"Qué incongruente", susurra, y carga un caramel coffee, inconsciente
de que estás ahí para escrutar el rodaje que sigue.

De tus manos, vienen sus dones,
de Tu elogio, su grácil mirada,
y no es sino a través de la estética divina,
que posee la carnosa sonrisa, la nariz dulce, el brillo castaño.
Todo, por tu amor a ella, o tal vez, por tu amor al mundo,
porque no termina(mos) de admirarla.

No obstante inocente princesa, cursi escritora o espía incitante,
esposa engañada por un cowboy invertido, chica Prada, modelo, altruista en Nicaragua,]
a pesar del desliz de sus senos (en el asiento trasero de un convertible),]
ella es perfecta así, ideal así, enfundada en chocolate blanco, derritiéndome infame,]
con un bikini azul, en California.

Señor,
sé que tienes un plan entre manos,
que ha de esperarle un destino trágico.
Caerá como rayo del tercer cielo,
porque al final, ha de ganarle la soberbia.
Pero por mientras, en lo que pasa, Te ruego
no la quites de mi pantalla, ni de mis sueños.
Es lo que pusiste en mi camino, mi calabacera de regocijo,
al menos, generacionalmente.
Recuerda,
que Audrey Hepburn, Meryl Streep y hasta Winona, se avejentan.

domingo, 5 de abril de 2009

Sobre Juan García Ponce

"El profundo pasillo de la librería se hace aún más incierto..."
-Juan García Ponce, "La invitación".

-Juan García Ponce es un escritor aburrido, pero aburrido con ganas, yo de ese joto no quiero saber nada... (Ésa es la voz del profesor que parece estar de nuevo, sonsoneteando en mi cabeza. Es natural, debo aclarar, porque a él no le gusta García Ponce, como no le gustan los escritores mexicanos de la llamada "generación de la ruptura". No se puede tomar su juicio como un absoluto; como un tajante veredicto. No. Porque a pesar de cuanto despotrique de esta generación de creadores, a mí sí me agradan. Hasta eso, me agradan...)
-Pues, yo le digo que estoy leyendo una novelita de él que me está agradando mucho, voy como en la página 83... (Y ése soy yo. Asistente de Investigaciones, pretendiendo charlar, insistentemente, a pesar de que sé que al profesor no le gusta esta generación de escritores, sobre la dichosa "ruptura mexicana"...)

-¿Cuál?
, ¿Las gaviotas?, creo que se llama... ¿La cabaña?, ¿Los gatos?...ah, no, porque "Los gatos" es un cuento de García Ponce, no novela. En fin, no me gusta ese tipo. Es aburridísimo.

Salí del Instituto con una edición gastada de "La Invitación" de García Ponce bajo el brazo (ése era precisamente el título de la novela que estaba leyendo, de la que llevo apenas 83 páginas. Me parece que tiene 121...). Lo tomé en una Librería de Viejo tras ver en el lomo un deslavado logo de "JM", es decir, la editorial Joaquín Mortiz. Son buenos los títulos por lo general, por lo que decidí sacar el libro. Vi que era de García Ponce. Había visto su nombre en un ensayo del Dr. Eduardo Becerra sobre "Farabeuf" de Salvador Elizondo, un ensayo que el doctor amablemente me hizo llegar desde España. No traía dinero ese día, no tenía intención de comprar nada. Leí entonces..."El enorme pasillo de la librería se hace aún más incierto", y sentí miedo, porque estaba en la Librería de Viejo y el libro me describía, me situaba. Pero a carencia de dinero decidí robármelo. Me lo embolsé, y fue así que empecé a leerlo. Pero bueno, volvamos a que ya voy a finales de la página 83...

Leyendo el inicio de la página 84, me dispuse a tomar el trolebus a la entrada del Eje Central. Curiosamente, desde que terminé la página 11, me dieron de inmediato unas ganas incontenibles de vestirme como un joven de finales de los cincuenta, inicios de los sesenta. Quise ponerme corbatas delgadas, como las que ahora usan las mujeres, de colores fijos...azul oscuro, gris oxford, café fuerte. Eran de colores sólidos, por lo general tristes. Es un "look" demasiado sobrio. Sacos desteñidos, mocasines, camisetas anacaradas que parecen transparentarse de lo delgadas, dejando ver tras el velo que forman en su todo, una Rimbross de tirantes, adherida al cuerpo que se deja notar bajo el saco. Así comencé a vestirme. Con mocasines de punta y pantalones acampanados, como Redford y Hoffman en "All the president´s men". Así. Y todo, ¿por qué? Por culpa de García Ponce, porque contaba al inicio de la novela la historia de un joven con fiebre -que seguramente, como el propio García Ponce, debía vivir en los cincuenta, y que seguramente, debía vestir como yo en aquél momento que leo la novela, que subconscientemente, tal vez pretendo emular al joven protagonista- que es cuidado por su madre, que no puede darle la luz, y que se cura poco a poco y comienza a salir de casa para distraerse, pasadas las primeras 20 páginas de la novela. Y yo leyendo la 84-85, en el trolebus urbano, viéndome vestido a la Teen Tops, viendo pasar Garibaldi, con toda y su estatua de Juan Gabriel enfrente de mis ojos. Y fue cuando pensé que esos escritores "fresas" de los sesenta, los "no onderos", los que no son José Agustín ni René Avilés ni Parménides García Saldaña ni Armando Ramirez el de "Chin, Chin, el Teporocho" que, perdón, ése es posterior, ese es como de los setenta, pero que todos los que no son esos, osea, los que son fresas, los que eran niños ricos que les dio por escribir, los que vivían en Lomas de Tecamachalco, que esos, son, por lo general, oscuros, misteriosos, perversos, indescifables, un poquito oníricos, tal vez. García Ponce me hace pensar mucho en Aparo Dávila. Esta mujer tiene un cuento de una mujer que cocina algo que jamás sabes qué es durante el transcurso del cuento, pero que se describe asqueroso, orgánico, como una especie de monstruo, que ni a pesar de la olla hirviente se acaba de morir. Grotescos, oscuros. Como Margo Glantz, como las torturas y disecciones y coitos de Salvador Elizondo en su "Farabeuf (o la crónica de un instante) ". Oscuros, velados. Como fotografía en blanco y negro, como expresionismo alemán, como Fritz Lang, como Hesse, como Nosferatu. Como "La obediencia nocturna" de Rivera Melo, que también es una novela oscura, agonizante. Todos los capitalinos de los cincuenta y ya entrados los sesenta, les da por ser agonizantes cuando no son hippies, como García Ponce, como la pésima "Aura" de Carlos Fuentes... Y me pregunto, ¿por qué? Y me veo, apretando contra mi pecho una carpeta negra llena de papeles, con la corbata azul-marina hecha trizas detrás de la carpeta, con el libro de García Ponce, oscilando por encima de la carpeta, en la página 85-86. Y me digo...¡y cómo no iban a ser oscuros, esos de "la ruptura"! Mi respuesta: son oscuros porque yo, oscuro en ese día nublado, en calles oscuras del Eje Central, cerca de Garibaldi, me vi siendo un típico joven burguesoide de la ruptura...oscuro. Además -pensé-, esos tipos obedecían a una estética que iba mucho más allá de las letras. A una estética entre pop-art y expresionismo oscuro, medio "The Cure". Pensemos en los pintores amiguitos de estos escritores...Manuel Felguerés, Toledo, Carlos Mérida, Pedro Coronel...Remedios Varo (Por Dios, ¡un perfecto ejemplo de esta oscuridad estética, pero de formas obeliscas, expresionistas...entre fantasmagóricas y fascinantes, estilizadas!...qué buen ejemplo)...los neofigurativistas...José Luis Cuevas, Tamayo...Vicente Rojo...
"La invitación" de Juan García Ponce tiene una portada (en su edición de Joaquín Mortiz) que concuerda perfectamente con lo que estaba pensando sobre los pintores. Es una especie de "T" en color morado con tres cuadros negros. Formas geométricas. Orden. Pero un orden, alterado, estilizado, novedoso pero peligroso. Oscuro por amenazante, por robótico. Elogio de la modernidad. Como el Distrito Federal de los cincuenta en su estética total...como la Torre Latinoamericana, como el Palacio de los Deportes, como Ciudad Universitaria...

Vi la contraportada del libro. Portada de Vicente Rojo.
Me aterro. Ahora todo tiene sentido. Fernando García Ponce fue parte de la ruptura pictórica, por ende, Juan de una literaria. El punto fue que Juan, como estipulan las 85 páginas que estoy leyendo de "La invitación", otorga a esa "estética de lo pop/cosmopólita/estilizado/oscuro", un giro erótico. Ahora los personajes urbanos, burgueses, misteriosos, sobrios, pálidos-grises, son también, presa de un deseo incontenible, animal. Y eso tiene lógica, porque Elizondo y su personaje de "la perra" en "El hipogeo secreto", también conservan esa "estilizada oscuridad erótica". ¡Por Dios, hasta "Aura" tiene esas secuencias oscuras, eróticas, estilizadas, impersonales...! Lo mismo pasa con "La invitación", en donde el joven afebrado y enfermizo del que he venido hablando, termina en un "affaire" con una misteriosa angloparlante en un departamento. ¿Por qué tenía que hablar en inglés? Porque claro, estos escritores aparte de oscuros, estilizados, misteriosos, pálidos, son...malinchistas. "Farabeuf" de Elizondo está en Francia, en China...Aura, en parte, en francés. Esbozan estas novelas, una Ciudad de México afrancesada, alemanizada, agringada. Qué extraño. Son curiosos estos autores. No se avanza con ellos, están tan llenos de recovecos que uno no puede pasar de una página a la otra.

Es hora de bajar del trolebus, de poner el separador y de dejarlo en la página 85-86.

"Tiene razón mi maestro. El maestro Juan García Ponce es aburridísimo".

miércoles, 1 de abril de 2009

Morrisey


You have killed me...
Morrisey.
Morrisey abre la boca,
yo cierro los ojos.

El problema suele ser,
que al terminar la canción,
Morrisey cierra la boca,

yo no puedo abrir los ojos