sábado, 11 de abril de 2009

Éste, que ves, engaño descolorido

Soy sombra ambulacral, mi vida estriba
en lamentar el ardid de una pena
desconocida, que muda entrega,
su juvenil actitud depresiva

Soy un flugor de existencia oportuna,
que disfrazado de estela perdida,
vil se envilece, ambivalente.
Rostro cubierto que baja su frente.

Soy un clamor que se forja de historias,
eco de pobres fetiches heridos,
un comprador enajenado,
molestia pasiva, irritante apacible.

El mutante que triste recoge, eso que más le conviene
el rosado azul, el negro amarillo,
la estética del videojuego,
llanto horadado pintándose a ratos,
del ánime nacido, Chaac Mool en la pose.

Cortada, pero con curita.
Navaja, tamaño rastrillo.
Pitido, de pecho morado.
Zapatos, de meter. Estoperoles.

Una plaga que fría se respira
un Atari que salió de la basura,
una revolución, involuntaria,
sin pretenciones de raza, credo, sexo, forma,
religión, gustos, partidos o intereses.
Un nihilista
que mamasea, despreocupado, mamasea
en avenidas, portales y plazas.

Pérdida, pacífico truhán
perdido, pérdida al fin.
Producto fácil, rentable.
Producto hostil de los medios
(y de la desintegración familiar).

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