Éramos jóvenes. Éramos porque somos ahora, más adultos que jóvenes, y más jóvenes que middle-aged people. A veces quiero que me perdones. No sé. Pedirte perdón me suena a añejo caleidoscopio, a fuego malpasado en un refrigerador mohoso, en un centro de rehabilitación. Hospital Británico, 1947. Hoy vino mi madre a verme. Y como Héctor Biel Temperley, la vi en toda su inmensidad, inmaculada, tan agredida como siempre, tan agreste. Tan hermosa. Soy un redactor de oficina, tengo un cargo público a ratos, y a veces, sueño que nos reconciliamos, no sé porqué imagino que fumo, pero lo que sí sé, es que a lo mejor no te gustaba tanto. No te gustaba tanto porque, tú lo sabes y lo sé, jamás he llegado a la parranda de tres días, ni sacado la cabeza de San Juan de la Cruz. Y es cuando te observo bailar en la barra de ese barecillo irlandés o te imagino limpiando el apartamento tras los huracanes etílicos que susurro a mis adentros, vivo sin vivir en mí, qué de larga vida espero, qué tormento es el vivir, que muero porque no muero. Qué es eso. Es el alma que pena por ver a Dios, ¿no te gusta? Está muy emo, definitivamente. Es, uno de mis poemas favoritos, definitivamente. ¿Y eso? Ay, Miguel, de verdad que debes dejar de ser así, saca de las páginas tu cabeza, un día te vas a matar. Y sí, hoy me voy a matar pero esa es otra historia. Porque no puedo sacar la cabeza de los papeles, ni de los papeles, ni de ella. Además de que a veces me parece tan fútil, tan extraña, enmarañada en sus propias conclusiones, idas, venidas, sientos y asientos. Y sí, sé que no lo hago bien pero un día haré algo grande, algún día. Te gustará, y ambos lo sabemos. Te gustará. Ay, ya basta, eres un perdedor y lo sabes. Y hoy recojo más papeles, papeles. Y me concentro en las fotografías, y no veo caricaturas, porque a veces -sólo a veces-, me hacen llorar mucho. Y tengo tanto trabajo que me recuerdo en la primaria, y en lugar de apoyarme me brinda un rescoldo compasivo, un abrazo que se vislumbra insoportable y resentido. Papeles. Inmensidades que bajan, borradores, llantos. Y un día, hazme caso, contrólate, un día vas a matarte, Miguel, con un carajo. Papeles. Una mujer, un amor compasivo, un cariño que no se tiene, un cariño que no se puede, papeles y hoy, sí hoy voy a matarme. Y sigo aferrado en la habitación a San Juan de la Cruz, y baja por la garganta...
un no sé qué que se queda balbuceando
No...y apenas hablo, las órbitas se descoyuntan...
un no sé qué que queda balbucando...sí. Si no, no daría endecasílabo.
lunes, 20 de abril de 2009
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