viernes, 10 de abril de 2009

All solids vanish in air


Para mi viejo


El problema con Octavio Paz,
no son sus estudios tajantes,
estéticamente arbitrarios.
Intolerantes.
No.
Su problema, fue haberse vuelto viejo.

Una imagen perdida,
víctima de la añoranza,
un viejito cascarrabias,
confundido, vista cansada

Como Borges,
un viejo ciego y babeante;
como Bioy,
con la quijada caída
y dientes putrefactos;
como el Vampiro Cervantes,
viejo juglar muy pedante;
como el viejo Sabines, o el viejo Henestrosa,
como Reyes, el viejo, perseguidor de yaquis,
como Reyes, el joven, que se volvió tan viejo
como su muy particular visión del Anáhuac

Viejos todos, como Hemingway en Cuba
viejos como Eliot,
declamado por un viejo Anthony Hopkins
en un auditorio viejo, de Cambridge University;
como Pound, el más viejo,
un pobre cowboy viejo, muy afectado

Respeto por los mayores, por ser más viejos,
por esos viejos que desfilan con su olor a viejo,
que conformaron su sistema, hoy viejo,
tan añorado, por los más viejos

pasaron los años y Don Porfirio,
hoy luce muy viejo en su vieja foto,
como el viejo PRI que pretende renovarse,
al igual que la moral, las computadoras,
la paternidad, la educación o la costumbre.

Todo se avejenta en nuestras manos,
que parecen cuartearse, volverse viejas
y hasta aquellos que jamás fueron viejos,
como John Lennon, Kurt Kobain o el Ché Guevara
sucumben tarde o temprano, cuan Dorian Grey,
al inefable paso de los años

El problema con Eloy Caloca Lafont,
no son sus poemas difusos,
estéticamente ilegibles.
Intolerables.
No.
Su problema, es ese temor que tiene
de volverse viejo algún día.

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