Para T.S. Eliot
Vamos,tú encarnada;
yo forzado,
a las once de la mañana
bajo otra nube de cigarro mentol,
entre los tantos detectores de sismos, las impresoras, la caoba sintética...
cuando he de extenderme como un señuelo de baratijas,
como una sombra que sigue cantando
sin nominarse;
cuando somos otro retrato más de los extintores
y parecemos floreros.
Vamos,
a fingir que trabajamos en esta oficina,
con vista al mercado, al centro cultural más a la izquierda,
desvelados por la difícil situación del domingo pasado,
cubiertos de aserrín,
de conchas de ostracismo.
Vamos
-debo insistir que no juegues. Me desquicias-.
Vamos.
No me digas, ¿de qué demonios me estás hablando?
Vamos,
escuchemos esa canción que tanto te gusta.
Estábamos en el pasillo desierto
y eran como las cinco para las diez.
Todos deben llegar a su hora, mas llegan
pasadas las once, y lo sabemos.
Vamos.
Te la pasabas escuchando esa canción, lo sabes,
una y otra vez, como tantísimas otras,
hasta que me fue imposible decir injustamente lo que resiento.
Hubiera valido la pena
aprender a mentarte la madre,
mas limité a volver otra mirada a la ventana:
los ocasos, las callejuelas, los zaguanes salpicados...
Y te decía:
"me estoy arrancado la corbata
los ocasos, las callejuelas, los zaguanes salpicados...
Y te decía:
"me estoy arrancado la corbata
para ver si luego te la comes,
putilla de rubor helado;
a ver si luego,
a ver si luego,
como se comió a Isadora Duncan
una bufanda"
una bufanda"
Tus dientes mal entintados:
"Hey nicotina ven,
revienta la perla"
frontando tu hocico en la pantalla principal,
artrítica abre
Reproductor de Windows Media,
evádeme mientras trabajo,
anda,
evade,
que tienes más de unos cincuenta
y ambos sabemos
que ya no puedes afrontarlo.
Evade,
que la vejez te vence;
vence a la vejez.
Porque lo he escuchado
-¿tú no?- (su canto),
como una inyección de tinta en las sirenas.
"No era eso lo que quise decir, no,
no fue precisamente, no es que
esa canción me desespere, es sólo que..."
político, cauto, asaz, meticuloso,
yo también descubrí que no era Hamlet, Príncipe de Dinamarca,
ni el Príncipe de Astrurias, ni el de la Bella y la Bestia.
No era Lázaro recién salido de entre los muertos.
Era él,
y es por eso que te odiaba tanto.
y es por eso que te odiaba tanto.
Porque tú, sin saberlo, me volviste cortesano acudiente,
por ser mi manual predilecto de Anatomía,
de oncología,
de oncología,
de diseños coloridos,
de nervaduras,
de lupus.
de nervaduras,
de lupus.
Acordes, letras, tablaturas para guitarras,
miles de portadas pálidas en bazares y porcelanas
para terminar al diez para las once volviendo a extenuarme:
Holanda, 1971, Fórmula V
Ayúdame
que estoy por enrollarme en esta bola que se llama universo,
Help! Ayúdame
como si a fin de cuentas hubiese valido la pena,
como si te conociera de siempre,
Help! Ayúdame
que la migraña ha hincado sus dientes y dicho,
he de olvidarme
de aquel fracaso,
de aquel fracaso,
Help! Ayúdame
que me llamo Tony Ronald, y ya nadie me recuerda.
Indispensables:
no entiendo nada jajajja.
ResponderEliminarpero eso no es raro, cierto?
besos!!
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ResponderEliminarEn realidad es simple, es la historia de Tony Ronald y una de sus "fans"...vuélvelo a leer con ese trasfondo.